sábado, 14 de febrero de 2009

Depeche Mode y Coldplay

me encanta encontrar estas coincidencias!

Europa cerrada

jueves, 12 de febrero de 2009

Los objetos nos llaman (Juan José Millás)

He leído el último libro de Millás hace poquito y es una joya. Para animaros a leerlo os pongo aquí uno de sus cuentos, aunque no es mi favorito no deja de ser genial. Ahí va... INTRANSIGENCIA HORARIA Tuve una novia que detestaba la puntualidad porque le parecía un vicio pequeñoburgués. Por aquella época yo llegaba siempre media hora antes a las citas, no por afán reaccionario, sino por problemas mentales. Creía que si me retrasaba sucedería una catástrofe. Además, la ventaja de llegar dos o tres horas antes al aeropuerto es que si se te ha olvidado el pasaporte puedes volver a casa a por él sin perder el vuelo. Mi novia no comprendía estas explicaciones y reprochaba con amargura mi aburguesamiento progresivo en unos años en los que la clase media estaba muy mal vista entre la clase media. Le expliqué entonces que siempre llegaba antes de tiempo a las citas para echar un vistazo desde lejos a la esquina en la que había quedado y comprobar que no había movimientos raros en la zona. Había leído muchas novelas de John Le Carré y los espías siempre tomaban esa elemental medida de precaución. —No querrás que un día averigüen dónde hemos quedado y me detengan. —Pero tú no eres espía —contestaba ella. —Nunca se sabe —respondía yo enigmáticamente. La ventaja de los espías es que pueden desarrollar toda clase de patologías obsesivas sin llamar la atención. Un agente como Dios manda está obligado, por ejemplo, a dejar cogido un palillo de dientes en la puerta al salir de casa para detectar si alguien entra durante la ausencia. A falta de palillo se puede colocar también un poco de cinta adhesiva en un rincón del quicio. Y aun con todas las precauciones, hay que llevar cuidado con lo que luego se habla en el cuarto de estar, porque pueden haber colocado micrófonos del tamaño de la cabeza de un alfiler en cualquier parte. Antes de iniciar una conversación comprometida, pues, conviene asomarse a la ventana y asegurarse de que no hay en la calle ninguna furgoneta con antenas parabólicas en el techo. Todas las cautelas son pocas. Una vez acudí a un psiquiatra para curarme de estas irregularidades, que me quitaban mucho tiempo y demasiadas energías. Cuando le conté todo, afirmó que, efectivamente, necesitaba tratamiento. Pero lo dijo de un modo que no me gustó, así que al hacerme la ficha y preguntarme la profesión dije que era espía. —Entonces usted hace lo que debe. Necesitaría tratamiento si no tomara ninguna precaución. —Eso es lo que yo le digo a mi novia. —¿Pero sabe ella que usted es espía? —Por supuesto que no. ¿Se cree que soy un agente loco que va contando a todo el mundo que estoy al servicio de la Unión Soviética? Por entonces existía la Unión Soviética y Madrid estaba lleno de partidos comunistas y partidos de los trabajadores y banderas rojas y chinos y prochinos y procubanos, además de los tradicionales fascistas y de las Jons. La vida era muy difícil, y no estaba al alcance de cualquiera prescindir de estos ritos obsesivos aun a costa de parecer un contrarrevolucionario, o un pequeñoburgués. El caso es que mi manía por llegar pronto y la pasión de mi novia por llegar tarde enturbiaban mucho nuestras relaciones. Entonces yo, en un rapto de generosidad, sólo por complacerla, juré que llegaría tarde a todas las citas, por lo menos a todas las citas que tuviera con ella. De este modo, las aguas volvieron a su cauce, al cauce de mi novia quiero decir, dejando el mío completamente seco. Durante las semanas siguientes cumplí mi promesa en dos o tres ocasiones, pero sufría tanto con la superstición de que el mundo se iba a acabar debido a mi tardanza, que en seguida comencé a presentarme a la hora de siempre, ocultándome en los alrededores, para aparecer con cara de recién llegado después de que ella llevara unos minutos esperando. Un día estaba escondido en un portal, controlando la zona del encuentro, y la vi llegar diez minutos antes de la hora. Entonces salí de mi escondite y cuando la llamé pequeñoburguesa me aseguró que había llegado pronto para cerciorarse de que yo llegaba tarde. Ese mismo día rompimos, por razones ideológicas según ella, aunque yo siempre pensé que era por diferencias psiquiátricas. El otro día la vi por la calle, con un niño pequeño de la mano, y tuve la tentación de acercarme para pedirle perdón por aquella intransigencia horaria de mi juventud, pero comprendí en seguida que era demasiado tarde, al menos para mí. Para ella, seguramente, sería demasiado pronto.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Enfado

El año pasado alguien me regaló un libro maravilloso: El lector de Bernhard Schlink. Es una historia para ir descubriéndola, con sorpresa a la mitad y sorpresa al final, me parece un libro sensual, inteligente y valiente. Aprendí más sobre el proceder del hombre adolescente, como iba encajando sus emociones, ...ya os digo: este libro es como comer un delicioso bol de cerezas. Cuando leí en un nº de la revista Fotogramas que estaban rodando la película me emocioné. Claro que iré a verla, pero estoy indignada, en la Fotogramas te cuentan todo, la sorpresa vital del libro va y te la sueltan en el resumen de la película. Para mí esto es peor que cuando alguien dice que Bruce Willis estaba muerto en el Sexto Sentido a quien no la ha visto (si es vuestro caso, sorry pero estoy enfadá). Esto venía ya de atrás, la situación de El Lector ha rebosado el vaso, empezó a llenarse cuando ví el trailler de "El niño del pijama a rayas", ese libro que leí hace un tiempo y me enteré pq era el pijama de rayas a la mitad del libro. En la contraportada el autor no quiere contarte nada, hubiera sido interesante que el trailler estuviera vacío. Pienso que cada vez somos menos inteligentes, más obvios y faltos de misterio. Yo llamaría a esto "pornografía intelectual", que no nos llegan las cosas nada más que cuando nos las dan hechas, que no nos gusta el esfuerzo ni para el disfrute, voy a llamar a los guionistas de CSI para pedirles que desvelen las cosas antes que pasen (seguro que seguiría con la misma audiencia). Un amigo hace años decía: "me pongo más cachondo viendo a Liz Taylor en camisón en la gata sobre el tejado de zinc que con una tía en bolas en la pantalla". Que viva mi amigo y los sepan ver más allá. (aún no he visto El niño del pijama a rayas, un día que necesite llorar la veré y como me decepcione el problema será que no puede una ya ni provocarse el llanto). La que estoy loca por ver es: "El misterioso caso de Benjamin Button", creo que será tan mágica como Big Fish, no es que tenga ganas de verla, es que la necesito, siento nostalgia de ella y aún no ha pasado por mi vida. Pueden pensar que estoy creando demasiadas expectativas y corro el peligro de desencantarme, os digo yo que no, que me va a encantar y espero que me encante muy muy mucho. Un consejo: no veáis 7 almas, es una cagada gorda.